sábado, 5 de mayo de 2012

La Panda de Nicole: El robo del maletín - Capítulo 19


19. Secuestradas
Mis padres no dudaron en dejarme ir al Louvre al día siguiente así que a las doce en punto estaba la panda al completo allí.
Entramos en la gran sala principal llena de cuadros importantes y de turistas con guías.
Empezamos a dar vueltas por el museo y estábamos a punto de quedarnos dormidas del sueño y aburrimiento que teníamos y nos quedamos todos embobados con los cuadros, sobre todo Camille y Adam.
Caminamos por todas las salas y de repente vimos al Señor - A.
-         ¡Está allí!
-         ¡A por él!
Marqué tan rápido como pude el teléfono de la policía, y mientras tanto el museo se alborotó muchísimo. Los guardias de seguridad nos seguían corriendo pidiéndonos que parásemos a explicárselo todo, en efecto, las gemelas se quedaron para explicárselo y los demás seguimos corriendo.
-         Este es el señor que nos amenazó, el que luego escapó, pero al día siguiente decían que le habían metido en la cárcel, sin embargo ahora está aquí...y dicen que tiene algo que ver con el robo del maletín.
-         De acuerdo, quedaros aquí, iremos tras él. ¿Habéis llamado ya a la policía?
-         Sí, nuestra amiga ha llamado.
-         Perfecto, pues no os mováis de aquí.
Mientras tanto habíamos conseguido rodearle, y a la policía no le dio tiempo a llegar porque el Señor - A nos cogió a Alice, a Zoé y a mí.

Me desperté con el ruido traqueteante de unas ruedas viejas sobre un camino lleno de piedrecitas. Abrí los ojos confusa y deseando despertar en mi camita, pero por desgracia no fue así. Estaba en la misma furgoneta que aparecía en mi pesadilla, solo que conmigo estaban también mis amigas.
-         ¿Estáis bien? – preguntó Alice.
-         Sí, un poco aturdida – respondí - ¿y tú Zoé?
-         Estoy bien.
-         ¿A dónde nos lleva? – pregunté.
-         No lo sé, pero podemos llamar a la policía con nuestros móviles – respondió Zoé.
-         ¡Claro, que tontas somos! – dijo Alice.
-         No, no, no. Nada de eso – dijo de repente el Señor-A, que al parecer había escuchado nuestra conversación - ¿Creéis que soy tonto? Os quité los teléfonos móviles cuando os desmayasteis por el golpe que os dí. Y ahora silencio, casi hemos llegado.
-         ¿Qué hacemos ahora? – dije susurrando utilizando el tono más bajo que pude.
-         Tengo una buenísima idea – dijo Alice.
-         ¿De qué se trata? – preguntamos Zoé y yo con curiosidad.
-         Veréis, como mi padre es científico y es muy cuidadoso conmigo, desde hace un año, llevo un chip localizador en estas botas. Como hoy me iba al Louvre no me importaba que mis padres supieran exactamente donde estaba, entonces me las he puesto.
-         Entonces...¿pueden identificarte y venir a buscarnos?
-         Sí.
Estábamos tan contentas como si a una madre la hubieran quitado a su hijo y se lo hubieran devuelto años más tarde.
Alice conectó el chip localizador y este emitió un pitido muy grave, que apenas se oía. Luego empezó a parpadear una lucecita de color verde fosforito.
-         Está empezando a enviar señales a mis padres indicándoles donde estoy – explicó Alice.
Mientras tanto, en el Louvre...
-         ¿Nicole está bien?
-         ¿Dónde está Zoé?
-         ¿Han encontrado a Alice?
La policía y los guardias del museo habían llamado a padres y familiares para informarles a todos, y en un periquete, el museo rebosaba de padres y familias preocupadas, sobre todo las familias desesperadas de Nicole, Alice y Zoé.
-         ¡Pero si dijeron que estaba en la cárcel!
-         Al parecer, señora, se ha escapado. Parece haber utilizado material ilegal para escapar y un rayo láser especial que utilizan en China y Japón para ocasiones importantes.
-         ¡Esperen! Sé como encontrarles – dijo el padre de Alice.
En efecto, su padre había tenido la misma idea que su brillante hija, así sacó el chip y un mapa apareció en una pantalla que sostenía en la otra mano, aparecía un punto rojo (que indicaba su posición) y la calle, ciudad o pueblo en el que se encontraban.
Cogieron los coches y siguieron las indicaciones del chip hasta que pararon junto a una furgoneta blanca.
-         ¿Quiénes son ustedes? ¡Me están cortando el paso!
-         Somos los padres de las niñas a las que ha secuestrado.
El Señor-A intentó esquivar los coches conduciendo como un loco, hasta que la policía le hizo frenar en seco.
-         ¡Saque a las chicas y ponga las manos arriba, donde yo pueda verlas, señor!

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