sábado, 11 de agosto de 2012

Esa estrella ~

Una noche que no consigo dormir, tengo que levantarme. Abro la ventana de madera y me roza una suave brisa nocturna. Respiro tranquila e intento pensar en otra cosa para que finalmente me entre el sueño y pueda descansar.
El cielo esa noche es oscuro, parece un fina manta azul cobalto salpicada de brillantina. Las estrellas hoy brillan con fuerza y me agrada pensar que algún día mis deseos podrían hacerse realidad.
 Miro bien alto, como si buscara algo en ese precioso manto estrellado, y veo una redonda luna que flota misteriosa en el cielo aportando luz blanca a los que no tienen techo. Me estiro mi camisón y junto las manos para pedir algo: "Por favor estrella, que papá vuelva sano y salvo del viaje."
Aunque a penas tengo 7 años recién cumplidos, sé más que cualquier otra muchacha de mi edad. Mi padre ha sido destinado a un país de guerras infinitas y gran daño, y tendría que volver mañana; mi pregunta es... si volverá. En las noticias siempre salen cosas malas y siento el miedo quemándome el corazón, la vaga idea de que mi padre pudiera no regresar.
Vuelvo a juntar las manos y levanto la cabeza fijándome en el astro más luminoso que brilla en la oscuridad lejano. Pido el mismo deseo otra vez. Los ojos ya empiezan a pesarme y siento que debo dormirme ya, quizás mañana él esté aquí conmigo leyéndome un cuento de buenas noches. Ojalá...

La mañana siguiente amanece risueña. El sol está en el cielo ya. Miro el reloj de madera sobre mi mesilla y veo que en menos de quince minutos, papá se supone que llegará a casa. Me permito pensar que todo saldrá bien, que le encontré con los brazos abiertos. Me pongo mis zapatillas y voy a desayunar, hasta que alguien toca la puerta. Mi madre y yo giramos la cabeza nerviosas. Podría ser él... o un comunicado anunciando su muerte.
Abrimos la puerta. Un hombre bajito lleva una carta en la mano. Mi madre no puede evitar ponerse a sollozar y yo tampoco. No nos preocupamos en cerrar la puerta. Nos sentamos en el sofá y leemos la carta: es una vieja deuda que hay que pagar. ¿Entonces...?
Mi madre y yo nos giramos a la vez y contemplamos la alta figura algo magullada de mi padre, que sonríe mucho al vernos. Ambas saltamos a sus brazos y él nos colma a besos.
Y esa misma noche, después del cuento de papá, miro a las estrellas buscando la más brillante de nuevo y susurro un "gracias" que se lo lleva el viento.
Marina ♥

viernes, 10 de agosto de 2012

Sé feliz εїз

Todavía recuerdo esa habitación. Paredes blancas desconchadas, una lámpara de luz clara que jamás se extinguía. Las tres mismas enfermeras que venían a verme en los distintos períodos del días. La alta con el pelo muy rizado, la que era rellenita y tenía el pelo rubio y la bajita con coleta. Y qué decir de mi compañero de habitación. Ese chico que era un niño como yo, de tan sólo diez años. Ambos teníamos aún toda la vida por delante pero las enfermedades vienen y van y tú vives despistada, sin saber que a la vuelta de la esquina te puede estar esperando alguna sorpresa que puede arruinarte la vida.
Al principio era tan sólo un pequeño virus. Los médicos decían que sólo tenía que estar allí alrededor de dos semanas. Se equivocaron. Esas semanas se convirtieron en meses y los meses en años. Una extraña bacteria que se difundía por mi cuerpo, cada vez más débil, y que no me dejaba en paz.
Cuando llegó mi cumpleaños, toda mi familia obtuvo el permiso de entrar en la habitación para darme hermosos regalos: puzzles, libros, peluches, muñecas... Y también vino un payaso muy gracioso que ató once globos a la barra que había tras mi cama. Los años que cumplía. Y seguía ahí. Hubo épocas peores, de repente una sacudida, el aire no llegaba a mis pulmones, veía borroso...
Mi compañero de habitación falleció a los doce años. Yo lloré mucho, después de todo, era la persona con la que más había estado en esa monótona sala de hospital.
Cuando cumplí los trece se produjo el milagro. Me incorporé un poco y comprobé que no me temblaban los brazos. Toqué con la punta de los pies el cálido suelo de la sala. Respiré hondo y cuando una enfermera entró para darme la comida se le cayó la bandeja al suelo. Una lágrima asomó rápida por sus ojos y llamó corriendo a mi doctor, un hombre joven con barba que siempre me había caído bien. Me obligó a tumbarme y me hicieron unas pruebas. Estaba bien de nuevo y totalmente recuperada.
Volví a mi vida normal y empecé a aprovecharla al máximo, porque pasada esa gran enfermedad, recibí una valiosa lección. Nunca hay que enfadarse por cualquier cosa, siempre hay gente que lo está pasando peor que tú. Vive cada día como si el mañana no existiera y quiere a todos los que te rodean, tan sólo sé feliz. Porque ahora puedes y mañana nadie sabe lo que podrá pasar.
Marinaღ

jueves, 9 de agosto de 2012

Cuando te une la distancia

¿Qué es esa horrible sensación que se apodera de mí? Quizás el miedo, quizás los nervios o tal vez la añoranza... Continúan pasando los años y creo que ya es hora de parar la broma, seguro que ha escarmentado y ahora está buscándome por todas partes. Pero...¿y si no fuera así? ¿Y si ya tuviera a otra? Intento despejar esas ideas de mi cabeza y centrarme. Sí. Será lo mejor, además le echo mucho de menos. Pero me ha molestado que no me haya escrito ningún mensaje, tampoco he recibido llamadas. ¿Es que no se preocupa por su novia? ¿Acaso le doy igual? No. No puede ser así.
Termino de escribir la hoja de autodespido de mi oficio aquí en Roma y comienzo a hacer las maletas.
Un poco más tarde ya está todo. Busco en Internet billetes de avión a España, mi hogar, y adquiero uno que sale mañana por la mañana.
Recuerdo su aislamiento con el trabajo, ya no me hacía ningún caso, nada era como antes y por eso decidí mudarme a Roma durante unos meses, para ver qué hacía. ¿Me buscaría? ¿O acaso me ignoraría? Lucas y yo éramos una bonita pareja pero llegó un punto en que no lo soporté más.
Han pasado cuatro meses. En Italia he hecho muchas amistades e incluso encontré un buen trabajo, pero prefiero rechazarlo todo y reencontrarme con mi amor. Voy a salir por la puerta y de repente veo un bulto bajo una capa de hojas secas. Cuando las retiro veo un buzón. ¿Cómo no me había dado cuenta en todo este tiempo? Lo abro y salen muchas cartas que caen al suelo, me apresuro a recogerlas todas y veo quién las envía.Lucas. Lucas. Lucas. Y más de Lucas. Otras tantas del mismo chico. Sobres grandes, otros más pequeños. Así que sí que me había escrito... pero no simples sms, sino cartas. Entro de nuevo en mi casa y las voy abriendo todas. Las leo con detenimiento y entonces me pregunto cómo sabe mi dirección y cómo sabe que estoy en Roma. Su explicación se haya presente en la última de las cartas:
"Amor mío, no sabes cuanto te añoro y veo que aún no quieres volver. ¿Por qué no respondes a mis cartas? Por cierto, la próxima vez que te vayas a ir no te dejes apuntada tu dirección en un papel que vayas a dejar en la mesa de la cocina..."
Sonrío y una débil lágrima recorre su mejilla. Tengo que volver, ahora lo sé.
Al día siguiente cojo todas mis maletas y me voy al aeropuerto. Pero antes le llamo y le explico mi despiste, mis razones, y él me pide mil veces perdón y me suplica que regrese.
"Voy de camino, amor. En unas horas estaré en el aeropuerto al que siempre vamos."
Cuando me estoy a punto de ir, cojo una flor, las típicas con las que se piden deseos. La sostengo ante mí y cerrando los ojos, pido que no nos volvamos a separar jamás, que estemos juntos para siempre. Soplo.
Y así fue. Después de todo, la distancia nos había unido más y ese deseo se hizo perfectamente realidad.
Marinaღ

jueves, 2 de agosto de 2012

Pasión por Los Juegos del Hambre: Tras las cámaras del rodaje de LJDH

Welcome, welcome, and happy Hunger Games.
Hola tributos! Tras buscar mucho en Youtube el mejor vídeo con escenas de la película de LJDH en pleno rodaje, he encontrado el mejor. Salen las secuencias de cómo se rodaron muchas de las escenas como Gale y Katniss en el bosque, Katniss y Prim, Katniss y Cinna y también sale Jennifer (la que hace de Katniss) en pleno entrenamiento :D Está muy entretenido, os lo dejo para que lo disfrutéis.
Besos de tributo

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Papel: 7,02 euros. Ebook: 1,57 euros.