sábado, 21 de julio de 2012

Una chica y 100 deseos: Capítulo 3



3. Sonrisas, mates... y Luis
Cuando la marabunta salió de la sala para reanudar la clase, Sara estaba preocupada e inquieta mientras Ángela no paraba de hablar.
-          ¡Qué genial! He oído que el baile de otoño no es nada comparado con el de primavera. ¡Me pondré un vestido larguísimo... de color rojo y un colgante de perlas y también unos tacones preciosos y...
-          ¿Y no has pensado en la pareja? – la interrumpió Sara.
-          Claro que sí, alguien nos lo pedirá – qué fácil era para Ángela decirlo, cuando por muy rara que fuera, era también bastante guapa por lo que algún que otro pretendiente tenía que tener.
-          Ya bueno, dirás que alguien TE lo pedirá.
-          No digas eso, ya verás como a ti también te lo pide algún chico guapísimo; seguro que alguno de la corona...
-          Si bueno, repito, a ti va  a ser quien te pida ir con él al baile, un chico de la corona. A mí va a tener que ser otro... y todos los guapos están ahí.
-          Piensa de nuevo lo que acabas de decir... Hay un chico monísimo que está fuera del gran imperio del instituto... y creo que haríais muy buena pareja – An se adelantó cuando vio que Luis se acercaba a ellas.
-          ¿A dónde ha ido? – preguntó el joven.
-          Ni... idea – respondió ella.
-          Oye, ¿al final me ayudas con mates?
-          Em... sí, claro. ¿Vienes a mi casa esta tarde?
-          OK. Gracias, Sara – se fue corriendo.
Sus amigos la habían dejado, sin ninguna intención, sola.
Caminó por el pasillo entre la gente que la ignoraba y se prometió a sí misma que algún día la mirarían a la cara al hablarle, no se burlarían de ella... algún día todo sería diferente y todo el mundo se fijaría en ella, y así, es como decidió lo que haría al llegar a casa.

Por fin el timbre final terminó de sonar y los alumnos salieron. Luis la alcanzó jadeando y Sara recordó de golpe que habían quedado porque iba a ayudarle en matemáticas.
El chico la rodeó con el brazo y, aunque era  una forma de cariño sin segundas intenciones, Sara se ruborizó y se movió un poco hacia un lado.
Llegaron a su casa.
-          Ya estoy aquí, papá – dijo Sara – He traído a un amigo. Vamos a estudiar.
-          Vale, no me molestéis.
Sara se avergonzó de los malos modales de su padre, que ni saludaba al amigo que había ido ya muchas veces allí. La diferencia era que esta vez estaban solos, sin Ángela.
-          Bueno – dijo Sara – acomodándose en la mesa de su cuarto - ¿Empecemos por las ecuaciones que dimos ayer y luego pasamos a los problemas?
-          Vale, lo que tú digas.
Sara empezó a explicarle cosas y Luis empezaba a acercarse más.
-          ¿Y cómo se haría... – preguntó Luis acercándose aún más a su amiga - ...este problema de aquí? – completó señalando el ejercicio que quedaba en la página opuesta a la que ambos leían.
Sara no sabía qué responder. No era porque no supiera la respuesta, eso lo sabía hacer de sobra. No sabía qué responder porque estaba a una distancia milimétrica de él. Podía sentirle tan cerca... Sara se inclinó un poquito más. Sentía su respiración. No levantó la vista y a punto de rozar sus labios, su padre entró en la habitación.
-          Em... y así se haría este tipo de ecuación, si además lo aplicamos al problema siete, ¿entiendes, Luis? – dijo Sara cambiando apresuradamente de tema.
-          Claro, entiendo.
-          ¿De verdad pensáis que me voy tragar vuestro teatro? – preguntó con el ceño fruncido el padre de Sara – Espero no volver a ver nada como esto. Hija, venía a decirte que me voy a cenar con Sonia. Pero... visto lo visto no sé si dejaros a los dos aquí solos - sus palabras iban de manera totalmente seria, no se oía nada en la habitación. – Confío en ti. Volveré en dos horas.
-          Yo, eh... claro, vale papá. – El hombre cerró la puerta de un portazo y Luis intentó cambiar de tema.
-          Por cierto, quería enseñarte esto – dijo mientras se metía la mano en los bolsillos. Sacó la notita que se habían pasado los alumnos por la mañana en la clase – Bueno, creo que no te va a gustar lo que dice la nota, pero creo que debía enseñártela – se la entregó.
La chica lo leyó:
M: ¿Has visto los pantalones que se ha puesto hoy Frikisara? jajaja creo que la última vez que vi unos así fue en un videoclip de los 80!
R: Ya ves, son lo más hortera que he visto, y seguro que cuando llegue el baile de primavera, ella no tendrá pareja. Después de todo, ¿quién sería capaz de pedírselo?
M: Por no hablar de la boina... ¡¿cree que estamos en Francia? jajaja
R: Dicen que antes ya era solitaria de por sí, pero que cuando sus padres se divorciaron, se volvió una marginada!!
M: Madre mía, no me da pena ni nada!! Solo tiene dos amigos! Esa chica que se llama Ángela y... Luis. No sé cómo puede estar con Frikisara! Con lo mono que es él! Y tiene que malgastar su tiempo con ella, pobre, le dará penita.
L: No. La verdad es que no me da pena, soy su amigo porque Sara me cae genial, ¿sabéis?
M: ¡¿QUÉ HACES LEYENDO ESTA NOTA?!
L: Déjalo, ya la sigo pasando, quiero que la gente se entere de que voy con Sara porque es una chica fantástica.
-          Yo... no sé qué decir. Estoy entre enfadada con esas chicas y... aliviada porque tú me hayas defendido, aunque no sé si hubiera preferido que la nota no siguiera circulando por la clase – le miró con los ojos muy abiertos.
-          Ya... jeje... lo siento si eso no te ha gustado mucho.
-          No importa. Me has defendido, con eso me vale, gracias Luis. Además, esto me ha recordado a la idea que se me había ocurrido hoy en el instituto. Voy a escribir una lista de deseos por cumplir.
-          ¿Y cuántos piensas poner?
-          No sé... ¿unos 50?
-          Yo tiraría más alto... ¡100!
-          ¡¿100?!
-          Sí, 100. Elige bien, y táchalos de tu lista cuando alguno se cumpla. Es una buena forma de ser optimista y superarte a ti misma. ¿La vas a empezar a escribir ya? – preguntó curioso.
-          ¡No! Va a ser una lista personal...
-          Ah, bueno, pues nada – eso era lo bueno de Luis, que no insistía ante tu decisión – Y tendremos que poner un límite... no vas a estar toda tu vida intentándolo.
-          Bueno, pues... ¿hasta alcanzar la mayoría de edad?
-          Vale. Hasta los dieciocho. Contando con este, tienes cuatro años para cumplir los 100 deseos de tu lista.
-          Me parece bien.
Luis sonrió como él sabía.
-          Pues nos vemos mañana – dijo Sara antes de que pasara algo más.
-          Sí. Y con respecto a lo que iba a pasar antes de que tu padre entrara aquí... – dijo a cuestas su amigo.
-          Ya lo hablamos otro día, ¿vale? – dijo Sara nerviosa. Se despidió de él y respiró más tranquilamente. Cogió papel y boli. Tenía que ponerse a redactar 100 deseos que se tenían que cumplir en a penas cuatro años.
Atte.:
Créditos a Nak por esta estupenda firma ^ ^ 

3 comentarios:

  1. Te sigo :) ¿Me sigues?
    http://librossueltos.blogspot.com.es/
    Besos

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  2. Hola!!, te escribo desde el blog literario La Biblioteca de la Morgue, un blog en el que podrás encontrar reseñas literarias, críticas de películas, concursos y muchas secciones más, ¿Te unes?. Yo te sigo desde ya. Espero que te guste mi espacio ^^

    ¡Nos leemos!

    Bisous

    La Biblioteca de la Morgue

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